“Milanesas a la napolitana”, una divagación semijocosa sobre el “peronismo de izquierda”, a partir del recuerdo de una frase de un querido amigo italiano, el poeta Milo De Angelis:
MILANESAS A LA NAPOLITANA


En el café de la Facultad de Filosofía y Humanidades escucho que alguien pide una “milanesa a la napolitana”, y me acuerdo del estupor y la risa que al viejo amigo y querido poeta milanés Milo De Angelis (“tifoso”, si no recuerdo mal, del “Milan”, acérrimo contrincante del “Napoli”) le produjo oír el nombre de ese plato argentino. “Ma… è una contraddizione nei termini!”, recuerdo que exclamó, acompañando la frase con su tímida risa, seguramente, además, contenida para no ofender el orgullo nacional de su anfitrión (quien, dicho sea entre paréntesis, si hay algo que tiene claro entre lo mucho que tiene oscuro, es que “nacionalista” nunca ha sido). Se entiende su asombro, no sólo y no tanto por la rivalidad futbolística, sino por el hecho conocido de las diferencias entre el Norte y el Sur de Italia, de los cuales las ciudades de Milán y Nápoles son, respectivamente, una suerte de símbolo.

Esta anécdota, recordada aquí, en mi antigua Facultad, donde tantos años estudié y trabajé, mientras miro los nuevos (y ya viejos) grafittis en las paredes, y pienso que se ha convertido en una maciza fortaleza del nacionalismo populista, me trae por asociación el pensamiento de que una “contraddizione nei termini” semejante a la de la “milanesa a la napolitana”, tan argentina, se encuentra en ese otro oxímoron —ya no gastronómico, sino político, pero igualmente de inconfundible sabor nacional— contenido en la fórmula “peronismo de izquierda”. Cada vez que la escucho, me causa el mismo efecto que al poeta milanés le produjo oír hablar de una “milanesa a la napolitana”, que sería igual al estupor y la risa que a cualquier italiano le provocaría escuchar hablar de un “fascismo di sinistra” (o a cualquier español sentir que alguien se define como un “franquista de izquierda”). Aquí, en cambio, no provoca ninguna extrañeza esta combinación de un movimiento cuyo líder profesó una confesada admiración por Benito Mussolini y que persiguió a comunistas y socialistas, con tal “orientación de izquierda”. Y no sólo no produce estupor, sino que, desde hace ya casi medio siglo, nos venimos tragando alegremente esta milanesa a la napolitana ideológica. ¿No será hora de cambiar de plato?

 

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